28 mayo 2007

A veces

A veces me siento extraña, confusa, lejana.
Me siento perdida en un nuevo país
no conozco a nadie y no me conocen
No hablo con nadie y no me hablan

A veces me siento enferma, débil, dañada
El aire se vuelve irrespirable
y mi vientre grita mi auxilio
Y me axfisio en mi tumba

A veces me siento torpe, incapaz, inepta
No quiero escribir, no quiero leer
no quiero pensar
No puedo hacer nada.

A veces me siento fea, deforme, repelente
¡Qué nadie me vea, qué nadie se acerque!
Ya no puedo querer, ya no puedo amar
Sólo quiero descansar

A veces no me siento.

26 mayo 2007

Hace treinta años...

Si, ya sé qué es lo que vais a pensar...¡Menuda friki está hecha esta tía!, pero no puedo evitarlo...me encanta esta saga.

Y como hoy se cumplen exactamente 30 años desde el estreno de la primera película (que luego resultó ser la cuarta, qué lío ¿no?) quiero hacer mi pequeño homenaje.

Dedicado a todos los Jedis de la galaxia, ahí van las seis cabeceras completas de las películas:



¿Cual es el personaje qué más os gusta? A mí, no sé porqué, me encanta Lando Calrissian. Ya sé que es un poco raro, pero la caída y redención de este personaje en "El Retorno del Jedi" (la mejor de todas, seguida de cerca por "La venganza de los Sith") es de lo mejor de todas las entregas.

¿Y cual es el que más odiais? Sin duda el imbécil de JarJar Binks, que incluso tiene una página donde claman por su muerte (jijiji, hay gente más friki que yo por ahí suelta).

¿Se animará el Tío Lucas a hacer una nueva serie de tres entregas?

25 mayo 2007

Mi cumpleaños

Bueno, aunque un poco tarde aquí está la crónica de la noche de mi cumpleaños.

Siento no haber escrito antes, pero he estado muy ocupada y no he tenido mucho tiempo

Mi conciencia: Ya, ya, ocupada. Ahora sentarse todo el día a ver los programas de cotilleos mientras engordas el culo se llama ocupación.
Yo misma mismamente: Bueno, bueno, ya tuvo que salir la lista a fastidiarme. Con lo bien que estaba quedando delante de mis queridos lectores...

¿Por donde iba? ¡Ah, sí! Quería comentaros todo lo que pasó aquella noche.

Mi prima es un amor y ya desde la tarde estaba preocupadísima porque todo saliese bien.
- Esto no va a ser un cutre botellón de borrachos. - Decía. - Mi primita cumple diecinueve y quiero que sea una fiesta por todo lo alto.

Ana y Pedro prometieron traer una tarta y Sofía se pasó toda la tarde soplando globos para decorar el salón. Incluso hizo que Jorge, que es el chico con el que sale, comprase confetti.

Al mediodía llegó Martín cargado de botellas de alcohol y refrescos. Tuvo que hacer maniobras en el frigorífico para que le cupiese todo lo que llevaba encima, y aún así no consiguió que todo le quedase dentro.
- No importa. - Le dijo a Marta mientras abría las dos botellas de cerveza que quedaron fuera.- Tú y yo comenzamos ahora la fiesta.

Por mi parte yo estuve ocupada toda la tarde.Estuve preparando los sandwiches de jamón y queso (indispensables en toda fiesta digna) y decorando el salón para la noche. Además estuve preparando unos cuantos cd's. Me gusta ser puntillosa con la música e hice una selección con lo que más me gusta (por supuesto no iban a faltar en mi cumpleaños ni Mika ni los Scissors Sisters).

Finalmente estuvo todo listo. Mi prima se lo había tomado muy en serio y nos hizo una foto a todas delante de la mesa.

Cerca de las diez comenzó a llegar la gente. Vinieron amigos de mis compañeras de piso y gente de mi facultad. De las personas que alguna vez he mencionado aquí se encontraban Olalla (es un cielo), Luis (sí, aquel carota que intentó ligarnos a Sofía y a mí la misma noche) y varios amigos míos de la facultad. Ana y Pedro trajeron la prometida tarta y Marta invitó a sus locos colegas de la facultad. Por parte de Sofía vino Jorge, que es un chico realmente adorable, y Óscar, un amigo de ellos.

¡Qué puedo decir de Óscar! Tiene 25 años, le gusta la buena música y es simpatiquísimo. Y además ( sí, es totalmente cierto), está buenísimo. La verdad es que da un poco de asco que una persona sea tan perfecta, pero es así. Lo conocí hace unos meses (¿os acordais del post del cafecito?) y me gustó desde el principio. Obviamente yo estaba encantada de que hubiese venido a la fiesta.

La noche estuvo genial. Además de bailar y reirme un montón con los chistes de Pedro (este tío debería estar en el Club de la Comedia, os lo juro), Martín conocía un puñado de esos jueguecitos de botellón, estilo los dados o el medio limón, que lo único para lo que sirven es para emborracharnos más. Jugamos a todos y acabamos con un pedo realmente serio.

Cerca de las doce bajamos del piso y fuimos al concierto de Macaco. Si he de ser sincera debo deciros que ya me encontraba un poco achispadilla, pero también un poco fastidiada, ya que sólo había intercambiado un par de frases con Óscar en toda la fiesta.

- El colega de Sofi está buenísimo. - Me dijo Olalla. Que conste que ella no debería decir algo así, ya que tiene novio en Coruña, pero... ¡qué mas da! ¿no es cierto?

El concierto me encantó, me chifló, me volvió loca (no sé que apelativos poner para deciros lo bien que lo pasé). Macaco estuvo genial y creo que todos los que estábamos allí lo pasamos realmente bien. Pero lo que más me gustó fue que Óscar estuvo todo el rato a mi lado y estuvimos bailando. Recuerdo incluso que hubo un momento que nos abrazamos...¡Ay!

Cuando terminó el concierto fuimos al pub donde trabaja Sofía. Ella tenía que currar y se había marchado de la fiesta cuando aún estábamos en casa. Me había prometido invitarme toda la noche y dedicarme unas cuantas canciones.Y eso fue estupendo, porque cuando estábamos allí pusieron el tema de Mika, Grace Kelly, y por megafonía gritaron que estaba dedicado a mí. La gente en el local se puso a cantarme el cumpleaños feliz y yo les dí las gracias con el micrófono. Fue un momento realmente genial.

Buena parte de la gente de la fiesta ya se había ido. Recuerdo que Ana y Pedro fueron los primeros (Pedro tenía que volver a Vigo, ya que trabajaba el día siguiente por la mañana) y poco a poco el resto se fue marchando.

Al final acabamos mi prima, Martín, Olalla, Luis, Óscar y yo. Eran las tantas de la mañana, y los pubs de la zona vieja ya estaban cerrando. En Santiago a partir de cierta hora sólo quedan abiertos los locales de la zona nueva, así que fuimos hasta allí. Por el camino pasamos por la fuente de los Caballos, una de las fuentes más conocidas de la ciudad (seguro que la conoceis, porque está delante de una de las puertas de la Catedral y suele ser uno de los monumentos más fotografiados de la ciudad). Existe la costumbre de echar monedas en esa fuente, y de repente a Óscar se le ocurrió sacar unas cuantas.
- Es que me he quedado sin pasta y me apetece invitar a Verónica a una copita, ya que es su cumpleaños.
Y de pronto va, se quita la camiseta y se sumerge en el agua.
Cuando salió llevaba en la mano un puñado de monedas. Las contamos y vimos que no llegaban a un euro. Óscar dijo entonces que no podía permitirlo y se sumergió unas cuantas veces más. Al final consiguió cerca de seis euros.
- Ya está. Ya puedo invitar a la homenajeada.- Dijo.

Lo cierto es que no pude evitar fijarme en su torso. ¿Sabeis lo que son un par de pectorales? Pues allí había dos ejemplos muy buenos. Y luego, cuando se puso la camiseta...¡se le notaban un montón!

Sí, ya sé. Es posible que penseis "¿pero que le han dado a esta? Está más salida que la esquina de una mesa", pero no puedo evitar acordarme. ¡Es que está muy bueno, en serio!

Creo que Marta se fijó en cómo le estaba mirando, ya que de repente gritó:
-¡Pero tápate hombre, que asustas a las niñas!

Me dio la impresión de que Óscar se ruborizaba un poco (¿es o no es un encanto?) mientras se ponía la camiseta. Olalla y yo mientras tanto estábamos babeando.

Llegamos finalmente a la zona nueva. Yo ya estaba un poco cansada así que me quedé sólo un rato más. Óscar fue fiel a su palabra y me invitó a una copa, pero no pudimos hablar mucho. Allí había demasiada gente y además Olalla había tomado la delantera. Finalmente el sueño pudo conmigo y me fui a casa. Recuerdo que por el camino estuve tatareando canciones y recordando la camiseta mojada (jijiji).

Cuando me metí en la cama no pude evitar pensar que la noche fue genial, pero quizás pudo haber sido todavía mejor.

17 mayo 2007

Apunte rápido antes de dormir

Bueno, los que me conocéis del foro de la ganzúa ya sabeis la coñita con lo de ¡a ver como termina esta hoy, seguramente alhólica perdida balbuceando cosas sin sentido!

Bueno, fifty-fifty. Todavía soy capaz de decir cosas como intrasigen...internsti...intransgi...intransgintet...¡persona poco amable, vamos! >D >D >D

Quería comentaros un par de cositas de irme a la cama.

La fiesta ha sido genial, y el concierto cojonudo!!!! Mañana os relataré los hechos más graciosos paso a paso.

He conocido a un tío. Bueno, la verdad es que ya lo conocía, pero nunca había hablado con él. Se llama Óscar y es amigo de Sofía. ¡Y está buenísimooooo! ¡ Y es majísimooooo!!! Y tiene unos pectorales...yum yum...!!!! (no es lo que os imaginais, que ya os veo. Lo que pasa es que se mojó en una fuente y se quitó la camiseta. ¿Que como se mojó? je je je...secreto, secretito...)

Bueno, en resumen. Que me lo he pasado genial. Sólo quería comentarlo con vosotr@s (que viciosa soy del teclado dionmíiio)

Ahora voy a dormir (¡SOLA! >:( mierda!!! ). Sólo una cosa más. Un regalito para vosotr@s.

Representa mi corazón (es que ahora que lo veo parece un poco...Por eso os lo explico. Bueno, no me hagais mucho caso que nose que me digo ni que me escribo) ¡Ojo! No hay nada "raro" en esta foto ¿vale?. Si a alguien le parece "otra" cosa la quito y yastá.
Creo que no debería haberla puesto. Bueno, ya me conoceis...

Un beeeeeeeesoooooooo

15 mayo 2007

Diecinueve, diecinueve

Pues sí, hoy es mi cumpleaños. Hoy cumplo diecinueve.

¡Dios, ya llevo un año como mayor de edad, supuestamente ya soy una persona adulta y seria!

¡Pues pienso emborracharme, hala!. Como pasado mañana es festivo en Galicia, mañana por la noche voy a dar una fiesta tan impresionante que haremos cantar a las campanas de la catedral!

Hay un tema que escucho siempre que llega mi cumpleaños y me gustaría compartirlo con vosotros. Se llama "Himno a una niña de 17 años" y es de Broken Social Scene. Lo escuché por primera vez cuando cumplí los 15.




Used to be one ofthe rotten ones and I liked you for that.
Used to be one ofthe rotten ones and I liked you for that.
Used to be one ofthe rotten ones and I liked you for that.

Now you're all gone got your make-up on and you're not coming back.
Can't you come back?

Used to be one ofthe rotten ones and I liked you for that.
Used to be one ofthe rotten ones and I liked you for that.
Used to be one ofthe rotten ones and I liked you for that.

Now you're all gone got your make-up on and you're not coming back.

Bleaching your teeth, smiling flash, talking trash, under your breath.
Bleaching your teeth, smiling flash, talking trash, under your breath.
Bleaching your teeth, smiling flash, talking trash, under your breath.
Bleaching your teeth, smiling flash, talking trash, under my window.

Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.
Park that car, drop that phone, sleep on the floor, dream about me.

Park that car, drop that phone.
Park that car, drop that phone. (dream about me)
Park that car, drop that phone.
Park that car, drop that phone. (dream about me)
Park that car, drop that phone.

Used to be one of the rotten ones and I liked you for that.
Now you're all gone got your make-up on and you're not coming back.

Creo que ya me voy haciendo mayor para este tema. Tendré que buscarme otro que esté dedicado a una chica de veinte (jijiji).

Muchos besos a tod@s los que pasais por aquí de vez en cuando.

11 mayo 2007

Mi pulsera


Ayer perdí mi pulsera.

No sabía donde, pero estaba casi segura de que había sido en la biblioteca. Cuando me pongo a estudiar suelo quitármelas y jugar con ellas. Creo que cuando me levanté a tomar un café con Olalla la dejé sobre la mesa. Si, estoy convencida. El problema es que entonces no reparé en ello, y fue por la noche en casa cuando me di cuenta.

Esta mañana volví al edificio a preguntar si había aparecido. Hablé con el bibliotecario, un señor mayor que daba la impresión de estar molesto por algo.

- Hola, disculpe ¿han encontrado una pulsera de plástico verde?

Me miró de un modo que parecía que lo hubiera interrumpido mientras estaba haciendo un trabajo endiabladamente importante.

- ¿Una pulsera? ¿y como era?

- Verde, de plástico.

- Si ya, pero ¿de qué tamaño? - Me miraba a través de los cristales gigantescos de unas gafas con montura de alambre. Daba la impresión de que siempre había tenido esas gafas, de que había nacido con ellas. - ¿Y como es el plástico? ¿es plástico blando? ¿es duro?

- Bueno...Es plástico duro, supongo, y el tamaño es más o menos así.- Le dije enseñándole otra pulsera rosa que tengo (me chiflan las pulseras)

- Eso no es una pulsera.

Me quedé callada. Al principio creí que había oído mal, pero como el señor ya estaba dándose de nuevo la vuelta para volver a ese importantísimo trabajo, reaccioné.

- ¿Como que no es una pulsera? ¿Y qué es entonces?

- Es un brazalete.

Tenía la impresión de que me estaba tomando el pelo.

- Bueno, sería un brazalete si lo llevase en el brazo...Pero , no. Está hecha para llevar en la muñeca y es ahí donde la llevo, así que es una pulsera. - Sentencié.

- Sería una pulsera si estuviese hecha de cadena o algo así, pero es compacta. Por lo tanto es un brazalete.

Aquella conversación no tenía ningún sentido.

- Bueno, vale...¿La han encontrado?- Dije.

El bibliotecario se dio la vuelta y gritó - ¡Antonio! ¿Alguien te entregó ayer algún brazalete?

De una puerta situada detrás del viejo sonó una vocecilla

- Nooo...

El señor miró hacia mí, con un gesto de "no hay nada que hacer".
Yo aproveché entonces y grité hacia la puerta:

- ¿Y alguien le entregó una pulsera?

El viejo se me quedó mirando sorprendido. Daba la impresión de que se sentía ofendido, de que era la primera vez que alguien osaba hablar con Antonio sin que estuviera él de intermediario.
Volvió a sonar la vocecilla:

- ¿Una pulsera? ¿y cómo es?

- Es de plástico verde, tirando a verde limón.

- Pues sí. Ayer me la trajeron poco antes de cerrar. ¿es esta?- Y de detrás de la puerta apareció el señor Antonio portando mi pulserita.

- Sí, sí, muchas gracias.

El viejo todavía me estaba mirando atónito. Pero cuando vió la pulsera pareció volver a la vida.

- ¿Y tú a eso le llamas pulsera? ¡Es un brazalete!

- No, hombre no. Está hecha para la muñeca ¿ves? - Le respondió mientras señalaba hacia mi muñeca.

- Eso no tiene nada que ver. Es rígido, por lo tanto es un brazalete.

- Pero hombre, eso no tiene sentido. Todo lo que se ponga en la muñeca es una pulsera

- ¿Ah sí? ¿Entonces un reloj también es una pulsera?

Como parecía que la discusión iba para largo, preferí irme. Me despedí suavemente, pero me dio la impresion de que no me oyeron. Una vez en la calle me reí al pensar en lo entretenidos que iban a estar esos dos discutiendo sobre el tema.

Por Dios, parece que los funcionarios más raros me caen todos a mí...

04 mayo 2007

Una sonrisa, por favor

A veces mis amigos me preguntan si echo de menos mi casa, si echo de menos Madrid.

Echo de menos a mi familia y a mis amigos, lo cual no es nada original. Tampoco estoy tan lejos como para sentir nostalgia. Además me gusta mucho más la tranquilidad de Santiago que el agobio de Madrid. He conocido a gente genial aquí y el hecho de vivir por mi cuenta (bueno, con las locas de mis compañeras de piso) es una experiencia que me encanta.

Sin embargo hay algo que sí que he notado en falta. Quizás sea una percepción mía y no sea objetiva y es posible que sea una exagerada, pero he comprobado que la gente aquí no sonríe.

Me estoy refiriendo a los desconocidos, a esta qente con la que tratamos diariamente para conseguir algún servicio como los camareros o los dependientes. Mis amigos gallegos no sólo sonríen sino que ríen abiertamente. Lo que quiero decir es que si voy a una cafetería o a una tienda a comprar algo me tratan con amabilidad, por supuesto (bueno, menos en un par de casos, pero son excepciones), pero sin ningún asomo de cercanía. En Madrid además de ser amables, los dependientes y los camareros sonríen a la gente.

Es posible que los gallegos que visitan mi foro no estén de acuerdo con lo que estoy diciendo. De hecho se lo he comentado a Olalla que es de Coruña, y a mi prima Marta y las dos me dijeron que eran imaginaciones mías.

Sin embargo yo creo que no. Si no me creeis haced la prueba. La próxima vez que vayais a Galicia fijaos si al entrar en una tienda os sonríen, o cuando comais en un resturante, o tomando un café. Fijaos también si la gente sonríe al saludarse por la calle (la gente que conozco de vista, cuando me la encuentro sólo hacen un breve gesto con la cabeza).

Siempre he oído hablar de la diferencia del carácter del sur de España y el norte. Los del sur, tan dados a la fiesta y los del norte más secos y taciturnos. Creía que eran tópicos, pero después de seis meses aquí empiezo a creérmelo.


30 abril 2007

El Primer Beso (IV)


Como no estábamos muy seguros de donde quedaba la discoteca decidimos preguntarle a alguien. La verdad que la cosa estaba difícil, pues en la calle sólo veíamos ingleses y alemanes. No había nadie que pareciese entender el español. Había oído hablar que este tipo de cosas suelen suceder en los centros turísticos más famosos, pero era la primera vez que lo vivía en persona. ¡Si parecía que éramos nosotros los extranjeros!.

Por fin vimos a un chico repartiendo tarjetas de un pub. Parecía uno de esos gangsters de las películas, ya que estaba vestido totalmente de negro y llevaba un sombrero que le cubría la mitad de la cabeza. Era uno de los innumerables relaciones públicas que hablaban con la gente por la calle intentando atraerlos a su local.

- ¡Hola parejita!- Nos saludó. La verdad es que me chocó mucho oir eso de parejita, pero Manuel no pareció inmutarse -¿Queréis conocer el mejor sitio de toda la zona? Buena música, buen ambiente y copas a un precio razonable, que no barato.

- No, lo siento. es que vamos al FlashBack.

- Al FlashBack no se puede ir ahora, que sólo hay bacalas y pastilleros. - Nos dijo - Esperad un rato, tomaos una copita aquí y ya me lo agradecereis. Siempre teneis tiempo de ir allí, parejita, y más tarde el ambiente es mucho mejor.

- Pero es que nosotros ya hemos quedado con nuestros amigos. Lo siento.- Le contesté. Me había hecho mucha gracia eso que dijo de los pastilleros, y había vuelto a tomarnos por una pareja.

- Me juego mi boina a que no están en esa discoteca. Se habrán encontrado a algúno de mis colegas y los habrá llevado a algún local. ¡Que es muy temprano para ir al FlashBack, os lo aseguro!. Además, ¿quien tiene ganas de ponerse a escuchar bacalao a estas horas? Venid conmigo, hacedme caso, la música es mucho mejor.

- Bueno, Vero, quizás tenga razón. Podemos tomar una copa en su pub para hacer tiempo. La verdad es que a mí no me apetece nada meterme en una discoteca ahora.

- Muy bien dicho, si señor. ¿Y la señorita Vero?- Ya se había quedado con mi nombre, el tío quería conseguir clientela a toda costa y la verdad era que se lo curraba muy bien - ¿No quiere un gorrito como el mío? Pues con tres copas regalo seguro. Para Verónica...¡una armónica!

Aquella tontería me hizo reir. Así que al final fuimos. Y me alegro muchísimo de haberlo hecho, porque la verdad es que el local era estupendo. No había mucha gente, la música era estilo Brit Pop y, eso sí, las copas eran un pelín caras (me quedé con las ganas de preguntarle qué significaba para él un precio razonable). El chico sirvió un whisky a Manuel, y a mí un extraño mejunje de color rosa que sabía a caramelo. No tengo ni idea de lo que era aquello, pero estaba bastante bueno. Una vez que estuvimos servidos se despidió y salió.

- Vuelve a la caza. - Dije irónica.

Manuel y yo estuvimos bailando un rato y luego nos sentamos en unos sofás a hablar. No sacó en ningún momento el tema de Jaime y todo lo que había sucedido antes, cosa que le agradecí. En vez de eso charlamos sobre el instituto, los profesores y los planes de futuro.

Al acabar este año voy a hacer un módulo de electrónica. - Me dijo. - Mi padre tiene una empresa de distribución de este tipo de material y creo que le gustaría que yo trabajase con él.
- ¿Te gusta la electrónica? - Le pregunté
- Me gusta saber como funcionan las cosas. Pero no disfruto nada haciendo esquemas sobre un papel y calculándo movidas.
- ¿No pensaste hacer el bachillerato? Así podrías estudiar una ingeniería.
- No me apetece pasarme ocho años más estudiando. Quiero acabar lo antes posible. Me apetece trabajar.
- Pues vaya. ¡Qué prisa tienes!. Yo soy más de "viviré de mis padres hasta que pueda vivir de mis hijos" ¿sabes?.
- Pues yo quiero conseguir dinero lo antes posible. La verdad es que me gustaría tener suficiente para dedicarme a lo que realmente me gusta.
- ¿Y qué es lo que te gusta?
- Te vas a reir...
- Va...dímelo...
- Me gusta el cine. Me encantaría ser director de cine.
- ¡Oh, vaya!...¿Como Almodóvar?
- Bueno, como Almodóvar exactamente no. Me gusta más el estilo de Médem...
- ¡Je! ¡Pues, es genial! A lo mejor dentro de unos años voy a ver una película tuya.
- De eso puedes estar segura.

Estuvimos un buen rato más en el local. Bailamos y tomamos un par de cervezas (el precio de las copas nos parecía exagerado). Finalmente llegaron las cuatro de la mañana.

- Creo que deberíamos ir ya al FlashBack, a ver si encontramos a la peña. - Me dijo.

Aunque yo me encontraba muy a gusto allí, tenía ganas de ver a Carolina y al resto de mis amigas, de modo que nos pusimos en marcha.
En la calle todavía había mucha gente, aunque no tanta como hace unas horas. Nos habían indicado donde quedaba la discoteca y estaba a bastante distancia. Yo estaba un poco cansada, y también mareada (¡realmente bebí mucho aquella noche!), así que me agarré al brazo de Manuel. Recuerdo que después de un rato por fin se atrevió a pasarme el brazo por el hombro y yo me agarré a su cintura. Ahora sí que parecíamos una parejita, pero yo no pensaba en eso. Estaba destrozada y agradecí un montón poder apoyarme en él.

Por fin llegamos al FlashBack. Es la discoteca más grande de Salou, o por lo menos eso era lo que nos dijeron. Entramos y estuvimos paseando un buen rato hasta que encontré a Carolina. Manuel también encontró a su grupo, y no había ni rastro de Jaime y su novia. Por fin me relajé del todo. Aún tenía un nudo en la garganta por toda aquella experiencia y os aseguro que no quería ver a ninguno de los dos.
Le pregunté a Carolina por los alemanes. Al parecer se habían ido a una fiesta que organizaba su hotel o algo así y se habían separado horas antes. Ya no volvería a ver nunca más a mi alemancito, y Carolina no podría ligarse al rubio alto. Pero parece que no le importaba mucho, ya que ya había conocido a otro chico y estaba hablando con él. Esta vez la cosa parecía más fácil porque era de Barcelona.

Así que finalmente volví con Manuel. No le gustaba mucho el ambiente de la sala y salimos a la terraza. Esta discoteca tiene una terraza enorme al aire libre, y allí nos quedamos. No vimos a nuestros amigos hasta que se hizo la hora de volver al hotel. Nos quedamos solos él y yo, bailando el resto de la noche.

Recuerdo que hubo un momento en que un tipo se acercó a Manuel y le dijo algo al oido señalándome. El sonrió mirando hacia mí y el tipo le dio unas palmadas en la espalda.
- ¿Quien era ese tío?¿Qué te dijo?
- No sé quien era. Por el acento creo que andaluz. Me dijo que me tenía mucha envidia por estar bailando con la tía más buena de la discoteca.

Aquello me encantó. No se si estaba mintiendo o no, pero la verdad es que creo que fue uno de los piropos más bonitos que me han dicho nunca. Ya se que no es muy elaborado, pero en aquel momento fue perfecto.

Finalmente llegó el momento de irnos. En la salida de la discoteca encontramos al resto de nuestros amigos. Carolina se estaba despidiendo de un modo muy dulce del barcelonés. Aquello hizo que recordase que unas horas antes estuve a punto de tener mi primer beso con Jaime, y cómo se había torcido todo. Miré a Manuel, las luces del alba le daban un aspecto diferente al que tuvo toda la noche. No era tan guapo como Jaime, ni tan alto, ni tenía esa mirada de pícaro que me chiflaba. Pero era mucho más tierno, mucho más agradable, su conversación tenía contenido y sus grandes ojos parecían estar dispuestos a comerse el mundo.

El camino de vuelta al hotel lo hicimos juntos. Jugamos un poco a eso de mantener el mismo paso y cruzar las piernas por delante del otro ¿sabeis a cual me refiero?. La verdad era que estaba muy cansada, pero aquella forma de caminar hacía que me olvidase de que me dolían los pies.
Entonces me paré y me acerqué a su oído:

- Oye, Manuel, tienes que prometerme una cosa.
- Dime.
- Si algún día haces una película dime que yo seré tu actriz.
- Prometido.

Por fin llegamos. La noche ya se había acabado y yo sólo pensaba en meterme en la cama y dormir un par de horas antes de que los profesores nos despertasen para ir al aeropuerto.

Subíamos en el ascensor. Manuel tenía su habitación en otra planta distinta a la mía.

- Me lo he pasado genial, Vero.
- Yo también, Manuel.

El ascensor había llegado a su planta y las puertas estaban abriéndose.

- La verdad es que te he mentido. - Me dijo.
- ¿Como?
- No es cierto que perdiese a mis amigos.
- ¿Qué quieres decir?
- En la cervecería irlandesa, cuando nos encontramos. Te dije que estaba sólo y no era cierto. Mis amigos se encontraban en una mesa al fondo.
- Pero...
- La verdad es que te dije eso porque me pareció una excusa perfecta para estar contigo.
- Oh, bueno, yo...

Y no pude seguir hablando. De repente los labios de Manuel se habían posado sobre los míos.



(Y tachán tachán, aquí acaba la historia de mi primer beso. ¿Os ha gustado? Oh, Dios, ahora que la leo entera me parece que me ha quedado cursi y ñoña, pero qué le voy a hacer...a lo mejor soy un poco así ...
Más o menos, salvo alguna licencia literaria, la cosa fue así. Me ha encantado escribir todo esto porque me ha servido para recordar aquella noche. Os aseguro que fue tan especial como lo he escrito y que es una pena que no sea mejor escritora, porque las emociones que sentí no he podido describirlas como a mi me hubiera gustado. He decidido acabar la historia justo en el momento del beso en el ascensor. Así es como acaban las grandes historias ¿no? con el beso final. Si teneis curiosidad deciros que no he podido ver mucho a Manuel despues de aquel día. Cuando acabó el curso el se fue del instituto, creo que a estudiar ese módulo, y lo ví alguna vez de noche por Madrid, pero ya no fue lo mismo. No sé si por verguenza o simplemente porque no sabíamos que decir nunca volvimos a decirnos nada más que un "hola, ¿como estás?". La verdad es que creo que es mejor así. Me permite seguir pensando en aquella noche como una noche perfecta, ya que nada sucedió después entre nosotros que la estropeara.
¡Ah, por cierto! Jaime siguió saliendo con su novia el resto del tiempo que estuvo en el instituto. Lo dejaron cuando él empezó la universidad.)

24 abril 2007

El Primer Beso (III)


Lo que vino a continuación se convirtió en una de las situaciones más incómodas de mi vida.

Jaime se dirigió hacia ella, que comenzaba a mostrarse claramente nerviosa. Sus amigas les rodearon y comenzaron a cuchichear señalándome y lanzándome miradas asesinas.

Así que de pronto me vi sola en la barra, sin tener muy claro lo que debía hacer. Quería salir de allí, pero el grupito bloqueaba la puerta y no me apetecía nada abrirme paso entre ellas. Estaba segura de que no había hecho nada malo, pero daba lo mismo, si me acercaba quedaría expuesta a insultos, tirones del pelo o algo peor. Era una situación realmente horrible, allí parada como una boba sin saber que hacer.

Jaime no parecía muy dispuesto a echarme una mano. Se encontraba muy ocupado discutiendo con ella, y al parecer la cosa iba para largo. Me pregunté entonces si tendría que quedarme allí el resto de la noche, cuando alguien se acercó y me dijo:

- Menudo mal rollo ¿eh? Y tú en medio sin comerlo ni beberlo.

Se trataba de Manuel, uno de los amigos de Jaime, que llevaba todo el rato sentado en el grupo con los demás. Yo lo conocía de vista, de verlo en el instituto, aunque nunca habíamos hablado.

- Si, eso parece.
- Como te he visto aquí sola, acorralada por ese coro de gallinas dispuestas a picotearte y sin saber qué hacer he creído que quizás te venía bien un poco de compañía.
- Estoy muy bien, muchas gracias.
- Bueno, si tú lo dices...- Se giró hacia el camarero, pidió una cerveza y volvió con el resto del grupo.

Cuando lo pienso ahora, creo que debí haber aceptado su compañía. Eso me hubiese ahorrado la siguiente media hora, allí plantada sin hacer nada. Por fin Jaime dejó de discutir y se acercó a mí.

- Nos vamos a otro sitio, Vero. ¿Tú qué haces?

No os negaré que me esperaba un desenlace así. Pero me indignó muchísimo. Él sabía que mis amigas se habían marchado hace rato, él me dijo que había roto con su novia y que yo le gustaba, él me quiso besar hace unos momentos... y ahora me dejaba allí para largarse con ella.

- Yo he quedado con Carolina. Me alegro de que hayais arreglado las cosas. - Le mentí con una sonrisa.

- Bueno, ya nos veremos. - Y se fue.

Pensé en ese momento que no podría haber una persona en el mundo más idiota que yo. Lo único que me reconfortaba era saber que por lo menos no se originó ninguna pelea, y que llegaría al hotel enterita. Me entraron unas tremendas ganas de llorar, pero no estaba dispuesta a derramar una sola lágrima por aquello. ¡Sería aún más ridículo!. Cogí mi bolso y salí de allí.

La calle estaba llena de gente. Me parece que eran cerca de la una y media de la mañana y todos los locales estaban repletos. No tenía ni idea de dónde se encontraban mis amigas y el móvil de Carolina estaba fuera de cobertura. ¿Habeis caminado solos alguna vez por un centro de marcha? Es extraño. Ves a mucha gente divirtiéndose, cantando, gritando y a algunos peleándose o vomitando y todo te parece ajeno. Cuando estoy dentro del grupo, pasándomelo bien, no me fijo en esas cosas pero en ese momento me sentía fuera de lugar.

Entré en unos cuantos pubs con la esperanza de encontrar a mis amigas (y quien sabe, a lo mejor también estaba mi alemancito), pero nada. Hice un último intento en una cervecería estilo irlandesa, completamente de madera. Sabía que era posible que estuvieran allí porque a nosotras nos suelen gustar este tipo de sitios. El local estaba repleto y mediante empujones conseguí llegar hasta el fondo. Pero no había rastro de ellas. Decidí entonces que ya había tenido bastante; quería volver al hotel y meterme en la cama y a lo mejor llorar un poco agarrada a la almohada. Como nadie me vería no me importaría hacerlo.

- Vaya, mira quien está aquí.

De pronto Manuel estaba delante de mí. No entiendo de donde salió y cómo no pude verle antes.

- Hola Manuel.
-¿Estás buscando a Carolina? Antes nos la hemos encontrado y me preguntó por tí. Cuando se enteró de que Jaime se había largado me encargó que si te viese te dijera que tenían pensado ir al FlashBack.
- ¡Genial! Muchas gracias.
- Oye, voy contigo. No sé cómo pero también he perdido a mis amigos y supongo que estarán allí.

Salir de la cervecería fue mucho más fácil que entrar. Manuel se encargaba de despejar el camino y yo sólo tenía que seguirle.

- ¡Buf, que cantidad de peña!- Resopló.- Oye ¿tu no tenías una espada? Nos hubiese venido muy bien ahí dentro.
- Si, es cierto. - Le contesté divertida. - Pero creo que me la olvidé en la barra del otro pub.
- Vaya, es una pena. Tienes un aire muy agresivo cuando estás armada.

¿Fue eso un piropo? Todavía lo estoy dudando.

- Oye, Manuel ¿Y como perdiste a tus amigos?.
- La verdad es que soy un poco torpe. Estábamos caminando y me detuve a hablar con un grupo de chicas de Salamanca que estaban de excursión de fin de curso. Al final me entretuve demasiado y cuando levanté la vista mis colegas ya no estaban. Pero no importa, gracias a eso te encontré y ahora estoy aquí, caminado contigo. ¡Y además vas desarmada!

Eso tenía más pinta de ser un piropo.

- Oye, aunque no tenga mi espada, todavía soy peligrosa. - Le dije.
- Tendré que tener cuidado, entonces. -Respondió sonriendo.

(Uf!!! ^_^! ) Al final no calculé bien. Parece que me quedaban más cosas que contar de las que pensaba, je je je. Bueno, pues este "capítulo" termina aquí (es que se me hace tarde, sorry). Os prometo que el siguiente SI será el último.

20 abril 2007

El Primer Beso (II)

Para evitar problemas nos alejamos de allí y buscamos otro pub donde poder tomar unas copas tranquilas. Conocimos a un grupito de alemanes muy majos que estaban de turismo y nos pusimos a hablar con ellos. Os aseguro que todas mis amigas estaban encantadas con la idea de "practicar" el inglés.

La noche iba avanzando y ya casi me había olvidado del mal rollo del principio. A Carolina le brillaban los ojos cada vez que miraba a uno de los alemanes, uno alto de pelo rubio largo, aunque a mí me hacía más tilín el que no se despegó de mi lado, morenazo, con el que estuve jugando a enseñarle palabras en español e intentando aprenderlas en alemán.

Cuando entramos en un nuevo local todos juntos, ya me encontraba totalmente tranquila y animada. Mi "alemancito" se empeñaba en invitarme a todas las copas que iba consumiendo, y aunque al principio eso me hacía gracia luego le rogué que me dejase pagar a mí también (ahora que lo pienso, creo que no lo hacía por gentileza sino para emborracharme). Recuerdo que entonces entró en el local uno de esos vendedores orientales con una bolsa llena de cachivaches. Como todas estábamos un poco achispadillas se nos ocurrió comprarle algo, y yo opté por una de esas espadas de colores que se pueden extender como si fuesen una antena.

Mi copa se había acabado, así que me acerqué a la barra con mi alemán para pedir una cerveza. Mientras esperábamos a la camarera sentí como alguien me tiraba del brazo. Me giré y allí estaba Jaime, mirándome.

Durante unos momentos me quedé muda, incapaz de moverme. Llevada por un impulso reflejo levanté la espada de plástico que tenía en mi mano y no se me ocurrió otra cosa más estúpida que decirle:
-Ten cuidado conmigo, estoy armada.

Aún hoy me pregunto a qué vino aquello. No sé, supongo que no me esperaba encontrármelo de repente, y ya os dije que había bebido un poquitín, y además he de reconocer que estaba buenísimo (llevaba unos vaqueros y una camiseta ceñida que le quedaban...¡Ay!...).Digo yo que todo eso provocó que mi cerebro no estuviese en su mejor momento.

Jaime sonrió.
- ¿Y piensas atacarme? - Me dijo.
- Mira, no quiero problemas. Hace un rato tu novia estuvo a punto de quitarme los ojos porque cree que me he metido entre vosotros. ¿Por qué no vas con ella y le explicas que eso no es cierto?.
- Si, ya me he enterado. No le hagas caso, es un poco histérica. Además ya no estamos saliendo juntos. Esta tarde nos peleamos y hemos cortado.
- Ya, claro. Y ahora piensa que la culpa ha sido mía.
- Verrónica, da biarr. - Me había olvidado de mi alemán. Estaba detrás de mí con dos jarras de cerveza en la mano esperándome.
- Me tengo que ir - Le dije a Jaime (la verdad es que estaba encantada de que me viese con el turista, que supiera que otros chicos también quieren estar conmigo)- Espero que lo arregles con ella.
- Verónica, espera. Si tienes un momento me gustaría hablar contigo.

Intuí lo que quería decir con esa frase. La cabeza me trajo al momento la imagen de aquella mañana en el tobogán, y la sensación de sentirme abrazada por él. Miré a mi alemancito, que estaba allí con las dos cervezas, esperándome. No debí hacerlo, pero en ese momento no pensaba con claridad (bueno, no pensaba con la cabeza), así que le dije que se llevase las cervezas a la mesa donde estaba el grupo, que yo iría más tarde.
Miré a Jaime con seriedad.
- A ver, ¿qué quieres?.
- Vero, no es del todo cierto que tú no tengas nada de culpa en que haya cortado con ella. La verdad es que ya hacía tiempo que pensaba hacerlo, pero cuando estuve contigo esta mañana me decidí completamente.
- Pero...
- Espera, espera, que si no lo digo todo junto no lo entenderás. Te tenía controlada en el instituto. Siempre me pareciste genial, pero nunca encontré el momento de hablar contigo. La verdad es que soy bastante tímido, y me suele costar mucho hablar con una chica guapa. En la piscina me alegré un montón de verte, y me alegré sobre todo de que no estuviese mi novia. ¿no te diste cuenta de que en ningún momento me despegué de tí?.

Noté como mi cara se estaba poniendo roja. Las piernas me temblaban y no sabía qué hacer con las manos (todavía tenía la estúpida espada en una de ellas). Era la primera vez que alguien se me declaraba (bueno, si a aquello se le podía llamar una declaración), y no tenía nada claro qué era lo que se suponía que debía hacer a continuación. Lo más curioso de todo es que no podía dejar de pensar en que ¡había dicho que le parecía guapa!

- Bueno...a mí también me gustó la piscina...
- Se salió ¿verdad?. Sobre todo el tobogán de tubos. Pero ¿te diste cuenta o no?

¿Conoceis esa sensación de verguenza absoluta? ¿esas ganas de querer desaparecer de algún modo y no saber como hacerlo? ¿por qué seguía insistiendo en si me di cuenta? ¿acaso no estaba suficientemente claro?

- ¡Hey, Vero! ¿Qué haces? Te estamos esperando. - La voz de Carolina sonó a mis espaldas. - ¡Ah!, Hola Jaime. Me parece que tu novia te estaba buscando.
- Hola. - Respondió él. Y en ese momento se hizo un silencio. Uno de esos silencios eternos en los que esperas que alguien diga algo, pero nadie se atreve.
- Voy con mis colegas, que tengo allí mi copa. - Dijo, por fin.

Tan pronto se dio la vuelta, Carolina comenzó a atacarme.
- Pero ¿de qué vas, niña? ¿quieres que la otra loca te parta la cara?¿a que viene esto?
- Sólo estábamos hablando, nada más.
- Si, nada más. Sólo hay que verte. ¡Si estás temblando!
- Oye ¿Y qué pasa? ¿no puedo hablar con quien me de la gana acaso?
- Mira, si lo que quieres es terminar el viaje con problemas, tu misma. Pero yo creo que ya que viniste con nosotras deberías seguirnos. Nos vamos a otro sitio.
- Vale, me despido de él y os sigo. Sólo un minuto.
- Si, ya, un minuto...

Vi a Carolina y el resto del grupo abandonar el pub. Indiqué mediante gestos a mi alemancito que nos veríamos enseguida, pero creo que no quedó muy convencido.
- Entonces ¿te quedas? - Jaime estaba junto a mí, con un cubata en las manos.
- No, sólo quería despedirme. Están esperándome.
- ¿Puedes tomarte algo antes? te invito.
- Ya he bebido mucho, gracias. Mira, Jaime, lo que me dijiste...
- Aún no me respondiste.
- ¿No te respondí? ¿a qué?
- ¿Te diste cuenta?

De pronto el tembleque volvió a poseerme, pero esta vez muchísimo más fuerte. Tuve que apoyarme en la barra porque sentía que mis piernas me fallaban.

- ¡Epa, que te caes! - Y rodeó mi espalda con su brazo.

Y así no quedamos; yo inclinada, en una posición realmente ridícula, con las piernas dobladas y los brazos sobre la barra sujetándome; y él sobre mí, con su brazo a mi alrededor.
Me miraba fijamente. Ya no sonreía. Y se fue acercando.
Y yo pensé: "¿es esto?¿esto va a ser un beso?¿mi primer beso?¿con Jaime?...¡Sí, con Jaime!¡Qué suerte!".
Y cerró un poco los ojos.
"¿Hay que cerrar los ojos?¿como en las películas?¿no se pueden dejar abiertos?...mejor hago como él y los cierro"
Y acercó más su cara a la mía.
"¡Uy! Huele un poco a tabaco. Odio el tabaco. Mi primer beso y tiene que saber a tabaco. Si salgo contigo te obligaré a dejar de fumar".
Ya tenía los ojos completamente cerrados.
"Ya se acerca, ya..." "¡JAIME ES UN CABRÓN!".
De pronto el recuerdo de esas palabras de Carolina me hicieron reaccionar. Aparté mi cabeza y me puse de pie.
- ¿Que te pasa?- Me preguntó.
Pero no pude contestarle. Por la puerta del local acababa de entrar su novia.

(Jijiji, y aquí se acaba el segundo capítulo. Jo, esto ya parece una novela por entregas. Lo que pasa es que me pongo a escribir y los recuerdos llegan a mi cabeza, y de pronto me acuerdo de detalles que había olvidado, como lo de la espada. Creo que ya ha quedado un post demasiado largo, así que pronto vendrá el tercero y último)

16 abril 2007

El Primer Beso (I)


Esta mañana me siento un poco cursi y ñoña y por eso voy a escribiros sobre mi conversación de anoche.

Ayer en el piso salió el tema de los novios. Ya os he comentado que Ana lleva cinco años con Pedro (¡qué barbaridad!) y Marta sigue tonteando con Martín (después de las burradas que le dijo estuvo quince días pidiéndole disculpas hasta conseguir que mi prima le diese otra oportunidad). Y ahora hasta Sofía ha empezado a salir con un antiguo amigo de su pueblo. Total que ya podeis imaginaros la situación; después de cenar las tres me sonrieron como bobas e intentaron sonsacarme información: que si me gusta alguien, que si tengo algún rollete por ahí, que si ese chico de mi facultad está muy bueno y hace buena pareja conmigo... En vista de que transcurrida media hora yo no soltaba prenda la conversación derivó hacia cuando tuvimos nuestro primer beso y la experiencia de cada una.

Me he emocionado un poquito al pensar en la primera vez que me besaron, y digo me besaron porque fue algo que yo no esperaba. Dicen que el primer beso es algo que te queda grabado para el resto de tu vida y en mi caso es así.

Cuando estaba en tercero mi instituto hizo una excursión de unos días a Port Aventura. Teóricamente era sólo para los alumnos del curso, pero al final se coló también gente de cuarto. Entre ellos estaba Jaime, un chico muy interesante en el que yo me había fijado hace tiempo y con el que nunca había hablado. Eso me puso muy contenta porque ya empecé a hacerme ilusiones de lo estupendo que iba a ser pasar unos días sin padres cerca de un tío que estaba tan bueno.

Sin embargo en seguida me llevé el primer corte. Jaime estaba saliendo con una tía de mi curso, así que parecía que no iba a tener muchas oportunidades en aquel viaje. Decidí olvidar el tema y el primer día disfruté como una loca en el Dragon Khan, junto con Carolina que era mi compañera de habitación (estábamos con otras dos chicas más).

Esa noche los profesores no se atrevieron a dejarnos salir del hotel, así que la pasamos en la discoteca del recinto. Allí pude ver a Jaime apechugadito con su novieta, y no pude evitar sentir una punzada de celos, pero en seguida me distraje calmando a Carolina, que se bebió demasiados cubatas y le había dado la llorera.

Al día siguiente fuimos al parque acuático. Como Carolina tenía un resacón de no-me-hables-que-te-estampo-contra-la-pared preferimos dejarla durmiendo en la habitación. Al llegar al parque nos dimos cuenta de que Carolina no era la única que bebió demasiado la noche anterior. Allí sólo estábamos unos diez de los ochenta que fuimos a la excursión. Es posible que fuese demasiado temprano, pero que rara es la gente; en vez de aprovechar al máximo el día prefieren dormir. Adivinad quén era uno de los que sí se había levantado...¡Jaime! ¡Y sin su novia!. Recuerdo que llevaba unas bermudas negras que le quedaban muy bien en ese pedazo de cuerpo fibroso (yum, yum).

Como eramos tan pocos decidimos quedarnos todos juntos. Fue genial. Estuve a lado de Jaime toda la mañana, y nos tiramos varias veces juntos por los toboganes. ¿Conoceis esa sensación de deslizarse a toda velocidad cuando alguien te abraza por detrás? Es maravillosa.

- ¡Que raro, Verónica! Estamos juntos en el mismo instituto y hasta ahora nunca había hablado contigo. - Me dijo
- Pues ahora ya sabes lo que te perdías. - Le respondí, coqueta.
- Sí. Si me hubiese atrevido antes... - Y no terminó la frase. Y una pena, porque me moría de ganas de saber qué estaba pensando.

Sí, ya lo sé. Él tenía novia, que estaba en el hotel, y yo allí, poniéndole caritas. No es algo para sentirse muy orgullosa, pero ¡qué diablos! Por jugar un poco no hacía daño a nadie ¿no es cierto? O eso pensaba.

Al mediodía volvimos al hotel. Carolina ya se había despertado y se moría de ganas de ir al parque acuático. A mí me apetecía mucho más ir a la playa pero como la chiquilla si se quedaba sóla lo iba a pasar mal tuve que acompañarla y volver a los toboganes. Así que no ví a Jaime hasta la noche.

Por fín los profesores decidieron dejarnos salir. A muy poca distancia del hotel estaba Salou y allá fuimos toda la tropa. Yo estaba con Carolina y nuestras compañeras de habitación. Recuerdo que había muchos ingleses y alemanes e íbamos todas requetemonísimas (aunque a mí esa noche no me interesaba un guiri, precisamente).

En el primer pub que entramos estaba la novia de Jaime con sus amigas. Cuando ella levantó la vista hacia nosotras me dirigió una mirada de odio asesino que todavía me asusta hoy al recordarla. Una de las de su grupo se acercó hacia nosotras y me dijo que era mejor que me marchara. Que por mi culpa Jaime y ella habían discutido esa tarde y que no era un buen momento para estar juntas en el mismo local.

- ¡Oye, pero si yo no hice nada! - Le dije.
- No lo sé. - Respondió - Y tampoco me importa. Lo único que sé es que a ella sólo le apetece partirte la cara y creo que es mejor evitarlo.

Carolina me agarró del brazo y tiró de mí hacia la puerta.
- Vámonos, Vero. Pasa de esa gilipollas.

Cuando salimos a la calle yo estaba alucinando. ¿A qué venía todo aquello?. Luisa, una de mis amigas, se encargó de ponerme al día.

- Es que esta mañana os vieron a tí y a su novio tirándoos juntos por los toboganes y se lo dijeron a ella. La tía es muy celosa y le montó una buena bronca. Estuvieron discutiendo en la playa y me parece que al final han cortado.

- La típica historia de siempre. - Dijo Carolina. - La muy estúpida no tiene ni idea de lo cabrón que es Jaime y la de veces que le puso los cuernos, y para una vez que realmente no ha pasado nada va la tía y le monta un pollo.

Preferí no volver a hablar del asunto. Estaba indignada con la reacción violenta de la niña, pero me dolió mucho más enterarme por Carolina de las costumbres de él.


(Buff, menudo rollo os estoy contando jijiji. De momento lo voy a dejar aquí, que me tengo que ir. Próximamente colgaré la segunda parte)

14 abril 2007

Lo que tú quieras oír

A ciertas horas raras de la noche, navegando por Youtube buscando un vídeo para poner en La Ganzúa me encontré con este corto genial.



La pregunta es ¿Debemos enfrentarnos a la realidad o es mejor dejarnos llevar por la fantasía?


Y tú ¿Que prefieres oir?

13 abril 2007

Las Dos Marías


En la Alameda de Santiago de Compostela hay una estatua que representa a dos mujeres mayores vestidas de colores chillones y con mucho maquillaje. Se trata de dos hermanas conocidas como Las dos Marías y fueron unos personajes muy populares de la ciudad.

Eran dos solteronas que salían todos los días a las dos de la tarde para pasear por el parque (por eso se las conoce también como Las Dos en Punto). Iban vestidas de un modo muy llamativo y con la cara muy pintada, porque les gustaba flirtear con los estudiantes de la universidad, los cuales siempre se paraban a decirles algún piropo. Pese a su avanzada edad siempre se ponían guapas para su paseo del mediodía.

La gente de la ciudad comenta que es posible que estuviesen un poco locas, ya que no era normal que dos señoras tan mayores tuviesen esa extraña costumbre.
- Se creían mucho más jóvenes de lo que eran - me dicen - y como a los estudiantes les hacía gracía, les seguían el juego.

Al parecer no tuvieron una vida fácil. Perdieron a sus padres muy pronto, en la guerra civil, y antes eran tres hermanas. Eso es lo que me dijo mi prima, que su padre las conoció. Cuando murió una de ellas las otras dos siguieron con su rutina diaria y así fueron haciéndose famosas en Compostela.

Me he enterado de que sus nombres verdaderos eran Corelia y Maruxa. Corelia se murió antes, hace ya unos veinte años, y eso sumió en una depresión a su hermana que ya no volvió a salir y murió unos meses después.

Ayer encontré la foto que sirvió de modelo a la estatua en una tienda de la Zona Vieja. Me pareció preciosa y quise compartirla con vosotros.




Creo que esta historia tiene algo especial, entre poético y nostálgico.

10 abril 2007

Compuesta y sin fiesta

Estas vacaciones tenía pensado pasármelo bien.

Hacía tiempo que no estaba con mis amigos de Madrid y tenía muchas ganas de volver a verlos y salir por ahí a tomar unas copichuelas. De muchos de ellos no sabía nada desde Navidad y ya podeis imaginar las ganas que tenía de volver a encontrarlos.

Al final las cosas no salieron como esperaba.

Pude ver a Carolina y a Sonia el mismo día que llegué. Son mis mejores amigas y nos conocemos desde el colegio. Fuimos a tomar un café y a ponernos al día de todas las novedades. Parecíamos tres gallinas alborotadas poniendo huevos, ya que debido al ruido que hicimos en la cafetería el camarero nos empezó a mirar mal. Estuvo genial, pero a la hora de quedar para salir ellas no podían. Sonia comenzó a trabajar en una asesoría y tenía que levantarse temprano y Carolina se iba esa misma tarde a Alicante, con su familia.

Eso me fastidió un poco, la verdad es que podían hacer un esfuerzo y salir un rato esa noche ya que hacía meses que no nos veíamos. Me dio una impresión rara, como si ya no les importase que saliésemos juntas...

Por lo menos me quedaba la gente del instituto, pensé ilusa. Pues no. Es increíble, pero en un par de meses todos mis amigos parecen haberse vuelto locos. Varios de ellos tienen pareja y pasan de salir (prefieren quedarse recogidos en su nidito de amor), otros se han ido de Semana Santa y los que se han quedado prefieren no salir porque se aburren sin el resto ¡Alucinante!.

Al final, un triste botellón el sábado por la noche y pa casa. Nada de baile, nada de fiesta.¡Menuda mierda!

Me queda el triste consuelo de pensar que en verano la cosa será diferente. Las parejitas ya estarán saturadas de estar juntitas y mis amigas estarán en casa. ¡Como no sea así juro que me los cargo!


Así me quedé yo. Compuesta y sin fiesta.

27 marzo 2007

Un regalo, una flor


¿Alguna vez os han regalado flores?

Esto, que parece el eslogan de una colonia, es una pregunta que me hago últimamente porque me he dado cuenta de que a mí nunca me ha pasado.

Todo empezó cuando el viernes Sofía llegó a casa con un ramo gigantesco envuelto en papel brillante. Se lo había regalado un tipo que suele ir todos los días a primera hora al pub a tomarse unas cervezas. El típico fulano que se sienta en la barra y habla con los camareros o con el dueño del local, siempre va sólo y no suele quedarse hasta muy tarde porque tiene familia y un trabajo que le espera a la mañana del día siguiente. Si, ya sabeis, ese tipo que odias que te diga algo cuando estás con tus amigos bailando y lo primero que piensas cuando se dirige a tí es de se trata de un viejo borracho que viene a dar la lata.

Pues Sofía estaba encantada.

- Es un señor muy amable y muy simpático, Vero. Está separado y vive cerca del pub. Le divierte estar con nosotros un par de horas todos los días que abrimos y suele dejarnos propinas (lo cual no es muy normal en unos camareros de pub). Me dio el ramo y una propuesta seria de matrimonio.

Se rió al ver mi mirada.

- No te preocupes, cariño. Todavía soy muy joven...

Bromas aparte, me he dado cuenta de que sentí un pinchazo de envidia. No del señor y su honesta propuesta (¡oh Dios, no!), sino del ramo. Yo también quiero uno.

¿Me regalarías tú una flor?

18 marzo 2007

Te echo de menos


¿Donde estás Vero? No te veo, no te encuentro, no te siento.

Creía que siempre estarías conmigo, pero me has dejado ¿Donde te escondes maldita?
Nos conocemos desde que nacimos, fruto de la misma matriz ¿Donde está tu presencia cuando más ausente estoy? ¿Donde tus caricias cuando me pierdo?

Te necesité esta noche y me abandonaste, no puedo confiar en tí....

Maldita confianza, pereza de la razón, si te deseo huyes tras los fantasmas de mi alma.
NO te rías...No te rías ahora...no tienes ningún derecho

16 marzo 2007

Pequeña niña buena

Tengo que ser buena, ya me lo decía mi abuelita cuando era pequeña...

- Vero, si eres buena ya verás como todo en la vida te sale bien.

Más tarde crecí y me dí cuenta que no es tan fácil (ni tan divertido) seguir siempre este consejo. Ademas...¿quien puede asegurar que siendo buena la vida me irá bien?.

Y desviarme un poco del "recto camino" de vez en cuando tampoco viene mal. Pero lo realmente divertido es no cambiar nunca la cara. Seré buena, si, desde luego, pero a mi manera.

08 marzo 2007

8 de Marzo

Hoy se celebra el día de la Mujer Trabajadora.
No deja de ser triste que tenga que celebrarse un día así, ya que significa que todavía existe desigualdad. Y no creais que es sólo en países menos desarrollados que el nuestro ya que aquí también hay casos que claman al cielo. Pero de todos modos el problema no es simplemente laboral, sino que toca todos los palos de la sociedad donde en la mayor parte de los casos se nos sigue viendo como ciudadanas de segunda. El machismo todavía está enraizado en la mente de muchas personas, tanto hombres como mujeres, y no todas superan los cincuenta. En los colegios, institutos y universidades todavía hay discriminación, aunque a veces sea tan sutil que no nos demos cuenta.

Quiero contaros lo que me pasó hace una semana para que veais qué es lo que quiero decir.
Os pongo en situación: El otro día por la noche estábamos Ana y yo en el salón cenando mientras Sofía se estaba vistiendo para ir a trabajar (ya os dije que es camarera en un pub). Mi prima Marta había quedado con Martín, un chico con el que lleva saliendo un par de meses. Martín trabaja en una tienda de deportes y es un loco del ciclismo. Realmente me parece un tipo muy majo aunque después de lo que pasó ya no le tengo tanto cariño...ya veréis porqué.

Cuando estábamos recogiendo los platos, escuchamos unos gritos en la escalera del piso. Mi prima estaba discutiendo con alguien y parecía muy cabreada.

- ¡Me cago en la leche, Martín! ¿Pero tú eres imbécil?
-...(Se supone que Martín le estaba contestando algo, pero como hablaba muy bajo no nos pudimos enterar)
- ¡Vete a la mierda!- Esto lo dijo cuando ya estaba entrando en casa. Cerró con un portazo que hizo temblar hasta la tele
-¿Pero que ha pasado? - Dijo Ana
- Este tío es gilipollas - Rugió Marta. Fue hasta la cocina, abrió la nevera y cogió el cartón de zumo de naranja.- Es que es un verdadero idiota. - Se puso a beber directamente por el cartón mientras entraba en la salita.
Sofía salió de la habitación y se acercó hasta ella.
-¿Que ocurre, Marta?
- Pues ocurre que los hombres son todos unos jodidos gilipollas. ¡Todos!¡No se salva ni uno!
- A ver, primita...¿quieres explicarnos...?

Marta dió un trago larguísimo del cartón de zumo. Por un momento creí que se iba a ahogar, jamás pensé que alguien pudiese beber tanta cantidad de líquido sin respirar. Cuando terminó arrugó el tetra-brick y lo arrojó sobre la mesita. Parecía un poco más tranquila. Sacó un paquete de cigarrillos del bolso y encendió uno.
- Pues imaginaos. Estábamos tomando unas cervezas en el Reixa cuando entró Laura, una compañera que empezó con Ana y conmigo la carrera y que ahora está en un departamento ¿sabes quien te digo Ana?
- Si, claro, Laurita.
- Bueno, pues después de saludarla, le comenté a Martín que estaba haciendo el doctorado. Y el muy imbécil con una sonrisita va y me suelta "Pues no lo entiendo ¿Para qué le puede servir un doctorado?". Me quedé alucinada. Lo primero que pensé es que como el pobre es un poco burro (ya lo conocéis, no suele pensar mucho) tiende a reirse de la gente con estudios y más culta que él. Pero no era eso, no...lo que me dijo a continuación no tiene perdón: "Las tías entran en la universidad para encontrar marido ¿no? ¿Para qué se molesta en hacer un doctorado?".
Nos quedamos las tres mudas.

-¿En serio te dijo esto? - Preguntó Ana divertida. Ya os dije que ella también está haciendo un doctorado.
- Y no se quedó ahí.- respondió mi prima. - Al principio creí que era un broma e incluso me reí, ¿Entonces que piensas de Ana, mi compañera de piso?, le pregunté. "Bueno, ella tiene novio ¿no?, así que está bien que se entretenga mientras espera a casarse".
Ana comenzó a reirse.
- ¿Pero de donde ha salido este tío?, Marta sabía que te gustaban los tipos brutos, pero tanto...
- Pues en ese momento me cabreé tanto que le di un par de gritos y me vine a casa. Martín salió detrás de mí alucinado y pidiéndome explicaciones ¡Ni siquiera entendía por qué estaba enfadada!
-Bueno, la verdad es que conozco a unos cuantos como él. - Dijo Sofía. - Y no quiero deciros el tipo de bromas que hace mi jefe con mis compañeros sobre las chicas que entran en el pub, y seguro que también sobre las camareras, aunque ahí se cortan un poco.
- Lo peor de todo - dijo Ana, ahora más seria - es que para la mayoría esa forma de pensar es totalmente normal. Es lo que han vivido en sus casas desde pequeños y no entienden que es denigrante. Y no penseis que sólo ocurre a ese nivel. En mi facultad casi todos los que están haciendo la tesis son hombres, pese a que la gran mayoría de estudiantes son mujeres. Hay profesores que han elegido dirigir la tesis a un tío poniéndolo delante de una mujer que incluso tenía mejor expediente. La excusa que suelen poner es que ya les ha pasado más de una vez que una chica deje el proyecto porque se va a casar o va a ser madre. Es triste pero es la realidad.

- Pues la realidad es una mierda. - Sentenció Marta.

Qué quereis que os diga. Yo estoy de acuerdo con mi prima y tengo la sensación de que a eso que llamamos igualdad todavía no hemos llegado. Tengo miedo de que cuando acabe la carrera y opte por algún puesto de trabajo pongan por delante de mí a un tío sólo por eso, por ser tío. Y tengo miedo de que los niños de este país piensen como Martín.

07 marzo 2007

La media multicolor

¿Nunca os ha pasado eso de perder un calcetín cuando haceis la colada? He leído por ahí que es una de las leyes de Murphy, la lavadora devuelve ropa lavada a cambio de tragarse uno.

Ayer hice una colada y perdí una de mis medias favoritas, un calcetín largo de rayas estilo los de Pipi Calzaslargas con dedos en el extremo ¡adorable!. Reflexionando sobre eso inventé el siguiente cuento

No lo podía creer.
Cuando estaba tendiendo la ropa mi media de colores del pie derecho no aparecía.
Busqué y busqué en el montón de ropa mojada, pero nada. Así que abrí la puerta de la lavadora, con la esperanza de encontrarla allí. El tambor estaba vacío, pero una pequeña muesca llamó mi atención. Acerqué la mano y vi que se trataba de una manecilla con un resorte. Al presionarlo sonó un chasquido y descubrí alucinada que el fondo de la lavadora se había abierto. Sin pensármelo dos veces me introduje en el interior del aparato y me arrastré por la hendidura.

De pronto me ví en el interior de un túnel. Las paredes eran metálicas y el suelo estaba tapizado de tela. Al fijarme un poco más me di cuenta de que no era simplemente tela. Miles y miles de calcetines cosidos unos a otros lo recubrían. Seguí adelante, agachada, avanzando como podía y por fin llegué al final del pasadizo. Terminaba en una abertura circular parecida a los ojos de buey de los barcos. Tenía una especie de cortina hecha también de calcetines. Cuando la aparté y me asomé no pude evitar que una exclamación de asombro saliese de mi boca.

Me encontraba ante lo que parecía la caverna más inmensa del mundo. Las paredes estaban llenas de agujeros como desde el que yo estaba. Pensé que si cada uno de ellos llevaba a una lavadora diferente todas las lavadoras de la tierra debían estar comunicadas con aquel gigantesco lugar. Me asomé un poco más y pude ver el suelo de la cueva también estaba tapizado de calcetines. Millones de calcetines que le daban a la estancia un aspecto multicolor muy divertido.

De pronto sonó un ruido estrepitoso, como el de una sirena de un barco, y de los múltiples agujeros de las paredes comenzaron a asomarse ¡ratas! Y todas ellas empezaron a correr por las paredes hacia el suelo, dirigiéndose hacia lo que parecía ser un trono real. Me pareció que era de oro y estaba tapizado, como no, de calcetines. Cuando todas las ratas salieron de los túneles, el suelo multicolor ya no podía verse. Todo era cuerpos grises y colas largas retorciéndose. Volvió a sonar esa especie de sirena y todos los animáles se postraron en el suelo, metiendo la cabeza entre sus patas y levantando sus colas al aire. De un agujero mucho mayor que el resto salió lentamente una rata blanca, y con unas maneras muy ceremoniosas se acercó al trono. Cuando se sentó en él pude comprobar que en la cabeza, a modo de corona, llevaba ¡mi media de colores!

04 marzo 2007

¡Me duele!

Me duele mi mano...me duele mucho. Tengo una marca rojiza en forma de encendedor de coche en el dorso y ahora mismo me está escociendo. ¿Por qué la gente es tan desagradable?

Esta noche salí con Olalla a tomar unas copas. Fuimos a la zona vieja a tomar unos vinos y luego a un pub de un amigo a darle a la primera copa. Estuvo genial. En el pub ponen exactamente la música que a mí me gusta y eso, la verdad no suele ser habitual. Esuvimos allí cerca de dos horas y conocimos a dos tíos que, sinceramente, eran bastante majos. Daniel y Jacobo, se llamaban.
Bueno, ya sabéis cómo va esto. Una vez que comenzamos a hablar y a conocernos, Carlos se acercó más a Olalla y Jacobo, de un modo torpemente distraído pero adorable, se encargó de que no estuviese sóla. Me habló de sus estudios, de su ciudad y de sus ganas de tener un coche. A mí me gustaba un poquito (no podeis haceros una idea del pelo rizo esponjoso que tenía), y animada por dos copas de cacique y los vinos ventilados antes, comencé a sentir verdadero interés por sus historias.

Así que una vez que cerró el pub decidimos acercarnos a la zona nueva con ellos a acabar la noche. A eso de las cinco de la mañana, sólo queda como opcion ir a Liberty (los que alguna vez salisteis por Santiago sabeis de qué estoy hablando). A mi me horroriza. No me gusta su ambiente y no me gusta su música (odio el reggaeton, que es lo que suele abundar ahí), pero me encontraba con muchas ganas de bailar y no me importaba en absoluto entrar y pasar un rato.

Y ahí se torció el asunto. El local estaba a tope y como queríamos bailar fuimos mediante empujones hasta la mitad de la pista. Llegamos por fin y yo comencé a dejarme llevar por la música (gracias a Dios ya había acabado la hora pachanguera y estaban con Amaral). De pronto sentí un pinchazo agudo en mi mano. La aparté rápidamente y vi un punto negro de ceniza sobre ella. Un imbécil que estaba a nuestro lado estaba fumando y me había quemado. Estaba enfadadísima, así que me acerque a él.
- Oye tío, ya te vale , cuidado con el pitillito ¿eh?
El tipo me miró. Dió una calada y me soltó:
- Oye tía, lo siento ¿eh? Pero no es culpa mía si no sabes donde poner las manos.
Me quedé a cuadros. Os juro que no esperaba una disculpa ni nada de eso, pero la chulería del fulano y el desdén que demostró a continuación dándose la vuelta me erizó el cabello.
- Oye tío - le grité - Por lo menos apaga el pitillo ¿no?
El fulano me miró y parpadeó. En ese momento me dí cuenta de que era por lo menos tres veces más grande que yo y que debía pesar lo menos diez veces más (más o menos). Pero yo estaba cabreada. La mano me dolía y no estaba dispuesta a que un cantamañanas como ese se quedase tan fresco. El tipo levantó su mano y señaló detrás de mi.
Me di la vuelta y vi a Olalla, Carlos y Jacobo pasándose un mechero y encendiendo tres cigarros. El tipo susurró a mi oído "¿esperas que yo lo apague,cuando tus colegas están encendiendo uno? Anda...pírate niña."
¿que le podía contestar? El se dio cuentade que estábamos todos juntos, y obviamente era estúpido obligarle a apagar su cigarro cuando mis compis de fiesta estaban encendiendo uno.Pero lo peor fue cuando Jacobo reconoció al fulano y lo saludó.
-Es que lo conozco desde el colegio. -Me dijo, cuando yo indignada le pregunté.

Me callé y me dí la vuelta. Eso sí, estuve todo el tiempo pisando y empujando al imbécil, aunque con el tamaño que tenía creo que ni lo notó. Y no volví a dirigir la palabra a Jacobo en todo el tiempo.

Ahora en casa veo la marca del cigarrillo en mi mano y siento el dolor de la quemadura y me cago en todos los muertos del pijito maleducado.

¡Ayyy!